miércoles, 30 de octubre de 2013

Tokio Blues. (Haruki Murakami, 1987)



Bonito libro, al leerlo no he podido más que sentirme identificado con el personaje y la historia. Lugares y situaciones comunes. Vidas distantes pero a la vez paralelas. Supongo que cerebros humanos similares reaccionan igual ante los mismos eventos, lo que se traduce en los mismos pensamientos. Una obra melancólica, peterpanesca, que destaca lo efímero de la vida, el sufrimiento inconsolable de las almas atormentadas y la necesidad de aprovechar intensamente cada momento, porque puede ser el último de este regalo vital que nos han hecho. Muy recomendable. Mi selección de frases:

  • Todo lo que parecía tener más valor –ella, mi yo de entonces, nuestro mundo- ¿adónde ha ido a parar?
  • No sé si era realidad lo que me decía o sólo existía para ella. Como tantas otras cosas que, en aquellos días, entretejía su mente.
  • Lo único que quería era irme de aquella ciudad.
  • la muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella.
  • No era mi brazo el que ella buscaba, sino el brazo de alguien.
  • No ganas nada acostándote con desconocidas. Sólo consigues cansarte y odiarte a ti mismo.
  • Me parecía que lo normal sería que, tanto ella como yo, viviéramos eternamente entre los dieciocho y los diecinueve años.
  • A nadie le gusta la soledad, pero no estoy dispuesto a hacer amigos a cualquier precio.
  • Un caballero es quien hace, no lo que quiere, sino lo que debe hacer.
  • Tengo mucha intuición. Mi punto débil es el pensamiento lógico (Midori).
  • ¡Eres único! Cuando bromeas pones cara de estar hablando en serio.
  • No fumo, es muy pesado. Quedarme sin tabaco a mitad de la noche era un tormento. Por eso lo dejé. No me gusta depender de las cosas.
  • Das la impresión de que no te importa gustar a los demás.
  • No busco que los demás me comprendan, pero, de alguna manera, necesito ser comprendido.
  • Me pasee observando aquella energía fruto del deseo sexual y del alcohol, mi propio deseo había llegado a parecerme mezquino e insignificante.
  • Soy mucho más imperfecta de lo que crees. Por eso no quiero que me odies. (Naoko)
  • Desde niños han tenido tanto talento que han conseguido las cosas sin esforzarse, y acaban considerando el tesón y el esfuerzo como una estupidez.
  • Ante este panorama, empecé a sentirme cada vez más confuso y no entender nada. ¿qué diablos era aquello? ¿Qué sentido tenía? (Watanabe al volver de la montaña).
  • Cuando me acosté en la cama me asaltó la sensación de que Naoko iba a deslizarse a mi lado de un momento a otro.
  • Yo me detendría (ante la posibilidad de una negativa a acostarse con él).
  • ¿Cuántas decenas, no centenas de domingos como este me quedan por vivir?
  • No hago más que exigirte cosas sin darte nada a cambio. (Naoko)
  • No digo que no me apeteciese acostarme con alguna chica. Pero me hastiaba todo el proceso: salir de noche, beber, emborracharme, buscar a la chica adecuada, hablar, buscar un hotel...
  • No te has dado cuenta siquiera de que me he cambiado de peinado. (Midori)
  • Cuando cumplen veinte o veintiún años, de repente empiezan a pensar de una manera muy concreta. Se vuelven realistas.
  • Tú eres alguien muy especial. Cuando estoy contigo siento que nos entendemos. (Midori)
  • Nos abrazamos. “Qué suave y cálido es el cuerpo de una mujer”, pensé.
  • ¿Por qué? –grito Midori- ¿Estás mal de la cabeza? Sabes el modo condicional de los verbos ingleses, entiendes las progresiones, puedes leer a Marx y a Nietzsche, puedes ver a Tarkovski,... ¿Por qué no lo entiendes?
  • Yo he perdido a Naoko. Un cuerpo tan hermoso como el suyo ya no está en este mundo.
  • En cuanto el pescador se marchó me acorde de la primera chica con la que me acosté, en el instituto. Sentí escalofríos al pensar en lo grosero que había sido.