lunes, 20 de febrero de 2012

El guardián entre el centeno (J.D. Salinger 1945)



Libro de indispensable lectura para todas las generaciones. Salinger nos muestra ¿autobiograficamente? a un nuevo “extranjero”, un "outsider" inadaptado que ansía encontrase a sí mismo, encontrar el camino, aunque este sea que no existe tal camino. Además, se puede entrever una crítica a la sociedad de la época, que el autor -y el protagonista del libro, el joven Holden Caulfield- considera alienante y atenazante, responsable de la inmadurez emocional e intelectual del ser humano. Mi selección de frases:
* Los libros que de verdad me gustan son aquellos que al acabar de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarlo por teléfono.
* Lo bonito es que tenía poemas en tinta verde escritos por todas las partes del guante de béisbol.
* Les hubiera gustado conocerle, tenía dos años menos que yo, y era cincuenta veces más inteligente. Murió  de leucemia.
* … podía tirarse a todas las tías que quisiera pero que nunca le importaría que una chica dejase todas las “damas” en la última fila del tablero porque quedaban bonitas.
* Una cosa me deprimió un poco mientras hacía la maleta. Tuve que guardar unos patines completamente nuevos que me había mandado mi madre hacía unos días. De pronto me dio mucha pena. Me la imaginé yendo a Spaunglis y haciéndole al dependiente un montón de preguntas absurdas. Y todo para que me expulsaran otra vez.
* La gente siempre le fastidia a uno las cosas.
* Volvíamos todos los años. Nada cambiaba. Lo único que cambiaba era uno mismo.
* La mayoría se casarían con cretinos, tipos de esos que se pasan todo el día hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de gasolina, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos…
* Es bonito que la gente se emocione con algo…
* Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella.
* Lo que haría sería hacerme pasar por un sordomudo y así no tendría que hablar.
* No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno empieza a contar cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.