miércoles, 26 de septiembre de 2018

Cueste lo que cueste, quiero ser millonario. El fundador The Founder (John Lee Hancock, 2016. EEUU)



El fundador
The Founder (John Lee Hancock, 2016. EEUU)
Cueste lo que cueste, quiero ser millonario
(la crítica contiene spoilers)
El plano final de la película, cuando vemos a Ray Kroc (superlativo Michael Keaton) ante el espejo, su mirada de extrañeza, o incluso de temor, ante lo que ve, y ese desenfoque de su persona mientras se aleja a dar su discurso triunfal, definen perfectamente lo que nos ha querido contar la película: la destrucción del Ray Kroc ser humano como consecuencia del –o como necesidad para- nacimiento del Ray Kroc mito.
El fundador –nombre con el que Ray Kroc se denomina a sí mismo y a su posición en la corporación McDonalds- nos cuenta la verdadera historia de la creación y posterior desarrollo de la mítica marca estadounidense de restaurantes de comida rápida. Y digo la verdadera, porque los entresijos de cómo la empresa con nombre McDonals acabó en manos de un tipo llamado Ray Kroc, no era muy conocida. Por supuesto, porque su “fundador” se ocupó muy mucho de que así fuera.
¿Por qué? Se preguntarán ustedes, pues porque Ray Kroc no fue el fundador, ni tuvo la idea inicial, es más, ni siquiera la copió. La robocompró, si me permitís el término.
Ray Kroc quedó impresionado por la velocidad del sistema de cocina y servicio de la hamburguesería que los hermanos Richard y Maurice McDonald (Nick Offerman y John Carroll Lynch) tenían en San Bernardino (California), y que, inocentemente, le mostraron con todo lujo de detalles. Y no solo con eso, también con el diseño de los restaurantes –con los míticos arcos dorados-, y con el nombre. De hecho, esa fue la razón por la que Kroc no les copió la idea: quería el nombre y los arcos dorados. No valía con copiar, había que quitar. Y así les propuso a los hermanos formar parte de su negocio, y extender franquicias por todo el país. Estos no querían hacerlo, pues solo deseaban seguir con su pequeño restaurante, que les iba muy bien, pero Kroc acabó convenciéndolos, y hábilmente se fue posicionando hasta que logró arrebatarles la propiedad a los hermanos. En un engaño final, Kroc les compró la compañía por 2,7 millones de dólares más el 1% de los beneficios. Kroc pagó los 2,7 millones, pero nunca firmó lo del 1%. Los hermanos tuvieron que renegar del nombre de su restaurante –otra cláusula que hábilmente escondió Kroc en el contrato-, lo que finalmente los hizo quebrar, y nunca vieron ni un céntimo de los enormes beneficios que daría la compañía de Kroc. Fin de la historia.
En la mente de Kroc hay solo una cosa: dinero. Y para conseguirlo pasaría por encima de quien hiciera falta. Y así lo hizo. Toda la primera mitad de la película vemos a Kroc como un trabajador incansable, perseverante en su idea de conseguir el éxito en el mundo de los negocios, con olfato, con vista… un gran emprendedor, un gran jefe y un gran profesional. Ídolo americano. Pero, sin embargo, la segunda mitad de la película es utilizada para mostrarnos al verdadero Kroc. Principalmente hay dos frases que lo definen como un libro abierto; la primera, cuando le dice a Maurice McDonald: “si mi competidor se estuviese ahogando, me acercaría y le metería una manguera en la boca”. Y la segunda, cuando le pide el divorcio a su mujer, que estuvo aguantando todos sus desvaríos sobre posibles negocios, que lo apoyó incluso en las más delirantes ideas, que soportó todos sus desmanes y rabietas sociales: cenando zanahorias, sin hablar durante toda la comida, esa es la única frase que pronuncia…
A Kroc todo le da igual: las personas, los amigos, la enfermedad, el amor… solo le importa el dinero, el poder, el ser el dueño de un imperio, y comportarse como tal. Como persona no es ningún modelo, pero, sin embargo, es uno de los representantes del sueño americano...
Kroc murió con una fortuna de 500 millones. Los hermanos McDonald con 1,5. Kroc sería recordado y admirado por los estadounidenses: empresario de éxito, trabajador, perseverante… el sueño americano realizado. Los hermanos McDonald fueron borrados de la historia y tachados de cobardes, conservadores, y miopes, por no ver las posibilidades de su negocio.
Yo sin embargo veo lo que se ve en la última escena de la película: los hermanos McDonald eran seres humanos, con empatía, con sentimiento, y con sueños. Los cumplieron, pero no estaban preparados para la economía deshumanizada que gobernaba y gobierna hoy en día el mundo entero: sin sentimiento, sin remordimientos, solo con el afán de ganar más y más dinero aplastando todo lo que haga falta en su camino, personas, ideas, leyes, vidas, o la naturaleza entera. Esa economía que lo destruye todo a su paso en nombre del crecimiento y del libre comercio, eso es lo que representa ese manchón desenfocado en el que se convierte Kroc mientras se va alejando… los humanos pierden, el monstruo gana.

sábado, 25 de agosto de 2018

Sobre la tiranía (Timothy Snyder, 2017)



- La desigualdad conlleva inestabilidad. Aristóteles
- Los demagogos se aprovechan de la libertad de expresión para convertirse en tiranos.
- Tanto el fascismo como el comunismo fueron reacciones a la globalización, a las desigualdades reales o imaginarias que creaban, y a la aparente impotencia de las democracias para afrontarlas.
- Cuando los partidos tienen demasiado control, temen a la democracia, por lo que intentarán debilitarla.
- Muchos de los que mataban (en el nazismo) lo hacían por miedo a llamar la atención.
- Cualquier buena novela aviva nuestra capacidad de pensar sobre las situaciones ambiguas y juzgar las intenciones de los demás.
- Harry potter y las reliquias de la muerte, sobre la tiranía y la resistencia.
- Te sometes a la tiranía cuando renuncias a la diferencia entre lo que quieres oír y lo que oyes realmente.
- Una vez que la verdad se vuelve oracular en vez de fáctica, las pruebas resultan irrelevantes.
- La posverdad es el prefascismo.
- Un individuo que investiga es un ciudadano que construye.
- El líder al que no le gustan los investigadores es un tirano en potencia.
- El fundamento del "sistema" es la vida en la mentira. Havel
- Cuando intentan acostumbrarnos a sacrificar la libertad en nombre de la seguridad, tenemos que ponernos en guardia.
- Cuando los tiranos hablan de extremistas solo quieren decir personas que no forman parte de la corriente mayoritaria defendida por ellos mismos.
- No existe ninguna doctrina llamada extremismo.
- Cuando se produce un ataque terrorista (o cualquier otra catástrofe), los tiranos aprovechan esos sucesos para consolidad su poder.
- Es posible organizar protestas a través de las redes sociales, pero nada es real hasta que no acaba en las calles.
- Si los tiranos no sienten las consecuencias de sus actos en el mundo tridimensional, nada cambiará.

American Beauty: La sociedad destroza al ser humano


(Toda la crítica es un spoiler)

American Beauty (American Beauty. Sam Mendes, 1999. EEUU) es, ante todo, un profundo y desgarrador drama; y esto tan sólo por presentarnos de una manera clara y sin filtros embaucadores, nuestra actual realidad social. Por mostrarnos como nos va la vida, y como nos irá en un futuro inminente. (El futuro que ya es ahora, y que se confirma que no va bien.)
La película de un primerizo, aunque ahora consagrado, Sam Mendes, nos muestra tristemente que ser feliz en esta tan bonita y moderna sociedad actual -entendiendo felicidad el bienestar psicológico y la estabilidad emocional, la auténtica y pura realización de la esencia del ser humano, la entera libertad, la entera satisfacción de tus sueños, y la entera separación de las corruptas necesidades creadas por el capitalismo- es imposible. Y es imposible porque no podemos estar VIVOS y estar al margen de todo esto.
Podemos darnos cuenta, podemos saberlo y aborrecerlo, pero tarde o temprano, seremos absorbidos por el sistema, caeremos otra vez en la trampa de esta sociedad del consumismo y del "parecer y tener antes que el ser", y volveremos a ser los modernos y eternos esclavos que somos.
Según la obra de Mendes, la única solución que poseemos es que, una vez conseguida la felicidad, una vez desconectado el sistema, una vez que te has parado a pensar y a contemplar lo bonito del paisaje, lo bonito de estar vivo y lo bonito de vivir; y lo hayas entendido e integrado todo perfectamente, simplemente te vayas, metafórica o físicamente, siendo la muerte la más radical de las partidas, que es la que se nos muestra en la película como la salida que encuentra su protagonista. La muerte como redención, la muerte como única solución, la muerte como culminación de la felicidad. (¡!)
Lo curioso es que, por paradójico y estúpido que esto pueda parecer, es la pura y pulcra verdad. La potencia succionadora de esta sociedad alienante es infinitamente fuerte e inevitable. Capaz de destrozar el más sólido de los cerebros de pensamiento independiente.
Cuando aún no has entrado en el juego, como el joven protagonista de la historia, que a la postre es el único personaje realmente vivo de la película, puedes resistirte a caer. De esta manera lograrás divisar el hermoso mundo que hay detrás de la inmensa cortina de humo, lograr creer en el amor como motor de la humanidad, y fascinarte ante cada minuto de esta vida. (No por casualidad lo muestra Mendes visionando la realidad a través de una cámara pantalla-, como un outsider, fuera del mundo, siendo espectador, no partícipe.)
Pero lo verdaderamente deprimente es que sentimos la certeza de que, incluso este poderoso personaje, acabará cayendo tarde o temprano en las redes del inflamado y engañosamente coloreado barco de la sociedad del consumo.
Incluso este visionario de nuestro tiempo, este súperhombre de Nietzsche en el que cada persona que ha visto el film ha depositado todas sus esperanzas, acabará corrompido por el juego, acabará derrotado y enfermo, acabará siendo un pobre engranaje más de la gran máquina. Cuando las fuerzas le flaqueen, cuando le agoten la gasolina de la vida, cuando lo empujen y arrinconen hacia los malos tiempos, ahí estará el incansable cazador, ofreciéndole los suculentos y plastificados manjares del capitalismo para que se le atrofien y droguen y seden y sangren los sentidos. Para que no pueda ver más, para que se le seque la capacidad de amar, la costumbre de soñar.
Sólo en un mundo egoísta, desalmado y animalizado como el nuestro -¿un mundo feliz? - se puede producir esta horrible paradoja de que la única manera de estar vivo, es morir.