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domingo, 22 de enero de 2017

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)







Una obra maestra con todas las letras. Un estilo fluido, dinámico y perpetuo. Un vocabulario enorme, rico original y natural. Todo encaja perfectamente en esta historia fantástica que discurre sin ningún tropiezo, como llevada por una brisa melódica e imperturbable.
· La vegetación fue cada vez más insidiosa y  se hicieron cada vez más lejanos los gritos de los pájaros y la bullaranga de los monos, y el mundo se volvió triste para siempre.
· Era una buena noche de junio, fresca y con luna, y estuvieron despiertos y retozando en la cama hasta el amanecer, indiferentes al viento que pasaba por el dormitorio, cargado con el llanto de los parientes de Prudencio Aguilar.
· Fueron dos novios dichosos entre la muchedumbre, y hasta llegaron a sospechar que el amor podía ser un sentimiento más reposado y profundo que la felicidad desaforada pero momentánea de sus noches secretas.
· Al primer contacto, los huesos de la muchacha parecieron desarticularse con un crujido desordenado como el de un fichero de dominó, y su piel se deshizo en un sudor pálido, y sus ojos se llenaron de lágrimas y todo su cuerpo exhaló un lamento lúgrube y un vago olor de lodo.
· La imagen de Remedios, la hija del corregidor, que por su edad hubiera podido ser hija suya, le quedó doliendo en alguna parte del cuerpo.
· Ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no morirse cuando una potencia ciclónica asombrosamente regulada la levantó por la cintura y la despojó de su intimidad con tres zarpazos, y la descuartizó como a un pajarito. Alcanzó a dar gracias a dios por haber nacido, antes de perder la conciencia en el placer inconcebible de aquel dolor insoportable, chapaleando en el pantano humeante de la hamaca que absorbió como un papel secante la explosión de su sangre.
· No entendía como podía llegar al extremo de hacer una guerra por cosas que no pueden tocarse con las manos.
· Y entonces sintió la mano sin la venda negra buceando como un molusco ciego entre las algas de su ansiedad
· Quiere decir –sonrió el coronel Aureliano Buendía cuando terminó la lectura- que sólo estamos luchando por el poder.
· En la resaca de un mundo acabado, del cuál sólo quedaba la nostalgia.
· El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.

jueves, 24 de febrero de 2011

Crónica de una muerte anunciada. (Gabriel García Márquez 1981)



 Muy buen libro, quizás no por la historia, una sencilla crónica de un asesinato, si no por lo fabuloso de la manera magistral de narrar de su creador, de su manera de “hablar”, de su manera de describir y humanizar a los innumerables personajes que aparecen en este cuento. Expresiones de una sensibilidad experta que te demuestran que unas palabras adecuadas pueden abrir con preciosa facilidad puertas que se creían cerradas. Unas pocas frases:
*  Fue ella quien arrasó con la virginidad de mi generación.
*   Desde entonces quedaron vinculados por un afecto serio, pero sin el desorden del amor.
*  Y padeció la certidumbre espantosa de que no volvería a dormir en el resto de su vida.
*  Mucho después, en una época incierta en la que trataba de entender algo de mí mismo vendiendo enciclopedias y libros de medicina por los pueblos de Guajira, bebiendo aquí y allá para perder la noción de la realidad.